Ruego a los jóvenes que viajen. Si no tienes un pasaporte, consigue uno. Coge un verano, consigue una mochila y ve a Delhi, ve a Saigon, ve a Bangkok, ve a Kenya. Alucina, prueba comida interesante, descubre gente increíble, vive una aventura, sé precavido. Vuelve y verás tu país de un modo diferente, tu presidente de un modo diferente, no importa quién sea. Música, cultura, gastronomía, agua. Tus duchas serán más cortas. Te darás cuenta de qué pinta tiene la globalización. No es sobre lo que escribe Tom Friedman, lo siento. Verás que el cambio climático es algo muy real. Y para algunas personas, el día consiste en andar 12 millas a por cuatro cubos de agua. Y hay algunas lecciones que no puedes sacar de un libro, que te están esperando al otro lado de ése vuelo. Mucha gente -Americanos y Europeos- vuelven y dicen “Ohhhh”, y se les enciende la bombilla.

PanamaJack

Botas de viaje Panama Jack

Las Panama Jack son legendarias. Tienen una calidad de construcción sublime, y son las compañeras perfectas para cualquier viajero que quiera salir del camino que decidieron los demás.

Foto de una hamaca en Cabaña, Colombia

Váyase de viaje. No sea un turista, no siga a nadie que levante un cartel ni se suba a un autobús con 50 parroquianos para ver una iglesia en 10 minutos. Coja un tren, conduzca, no acepte un “no” por respuesta. No acuda a los sitios típicos ni se compre una guía, improvise, finja (recuerde que es algo que va a hacer antes de morir), imponga su voluntad a la del bloguero que le dice que si no va usted al último piso del Empire State Building será usted poco menos que un primo. Coma en restaurantes que le inspiren desconfianza, lejos del centro, arriésguese. Y si hace usted un viaje de verdad, disfrútelo, desde el maldito avión hasta el último minuto del control de seguridad. Un consejo: coja el Rocky Mountaineer que atraviesa Canadá de costa a costa: es incómodo, el traqueteo hace imposible dormir y comerá muchas hamburguesas de visón, pero los miles de kilómetros de bosques, punteados de cuando en cuando por una cabaña cochambrosa y minúscula, le enseñarán más del mundo que la Enciclopedia Británica y quinientas escapadas a Nueva York. Viajar es caro, no malgaste dinero en chorradas, no se vaya un fin de semana: ahorre y dese a la aventura. Nota: si tiene usted pasta váyase a África un mes, antes de que todos la descubran y se convierta en el nuevo París. No se arrepentirá. Y una vez allí no haga ningún maldito safari fotográfico, por el amor de Dios.