“El Maletas” en El Manual del buen vividor

Entró en la cafetería como si estuviera en la cocina de su casa. Saludó muy amablemente a los parroquianos ahí presentes y llamó por su verdadero nombre a Saddam Hussein. Y se sentó a mi lado. A continuación pidió un sandwich vegetal, una trinaranjus y empezó a dar golpes en la barra metálica silbando una melodía.

Qué bien silbaba.

Posó sus ojos en mí, escudriñándome con algo de extrañeza.

“Qué pasa, chaval”.

Yo me quedé mirando a aquel tipo con esa mezcla de fascinación e incomprensión que muestra un perro la primera vez que ve funcionar una aspiradora.

Soy un amante de las buenas historias. No de las historias más profundas y con más trasfondo, símplemente una buena historia sencilla, pero bien contada, me cautiva y me llama la atención.

Acabo de leer éste post sobre “El Maletas” en El Manual del buen vividor, y sorprendentemente es uno de los -escasísimos- post que he leído completos y del tirón.

Disfrutadlo, porque inspira a viajar.

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