Oct 21 2009

La ermita de San Juan de Gaztelugatxe

San Juan de Gaztelugatxe

San Juan de Gaztelugatxe es un tómbolo cerca de Bakio, en el País Vasco. Este verano visité esta zona porque tenía ganas de ver como era realmente este precioso lugar, y tenía ganas de pisar el país vasco por mí mismo. Curiosamente, nunca había estado antes, y lo cierto es que tengo curiosidad y ganas de volver.

¿Qué puedo ver en San Juan de Gaztelugatxe?

Llegar hasta la Ermita de San Juan de Gaztelugatxe no es tarea fácil. No puedes acceder al coche y el camino es bastante largo, aunque se disfruta. Si hay algo que hace especialmente bello este lugar es que el camino está rodeado de naturaleza. Cuando miras hacia el tómbolo en el que está la ermita, símplemente disfrutas. El puente que une la isla con la península, ver cómo rompen las olas contra la roca, y el increíble camino que recorren las escaleras hacen de ello un lugar digno de ver.

Los acantilados vascos también merecen mención. Los increíbles colores del norte de España se dejan ver en ellos e impiden el paso al agua de una manera imponente. Es la naturaleza de forma salvaje.

Al llegar a la parte más alta de San Juan de Gaztelugatxe, puedes ver el mar llegando al infinito. Para la gente que lo disfrute, es sobrecogedor. Algunas personas pueden quedarse literalmente horas mirando al mar, y San Juan de Gaztelugatxe es un lugar perfecto para hacerlo.

Una vez conquistada la cima, debes tocar trece veces la campana de la ermita y pedir un deseo. Cuando terminéis, ya poco quedar que hacer allí, más que volver por el camino que aunque sea bajando, 237 escalones son cansados.


Oct 7 2009

El primer día de un mochilero de viaje de interrail

El primer destino al que fui en mi primer Interrail fue Paris. Aprovechando el descuento que daba el billete, cogimos un tren nocturno Madrid-París en el que nos tocaría dormir, pero había ganas y queríamos empezar nuestra aventura mis amigos y yo.

Aún era de día mientras el tren salía de la estación. Íbamos contando anécdotas y  mientras aún había luz pude ver el norte de Madrid por la ventana. Algo sorprendentemente bonito cuando asocias Madrid a su color gris y a su capa superficial de contaminación.

Viajar en tren con amigos es entretenido. Entre las charlas, las anécdotas, y los planes para el viaje pasas el rato sin notarlo. Es el momento de contar qué conocemos de los sitios por los que vamos a pasar, conocer un poco más si hay gente a la que no conoces, o qué nos gustaría ver. Lo importante es pasar el rato rápidamente.

A la hora de dormir en el tren lo pasamos algo mal. Dormir en un asiento no reclinable y sentado no produce un sueño placentero precisamente, y pasar casi 15 horas sentado tampoco fue lo más agradable del viaje. Los tapones para los oídos que nos dieron en el tren sí que fueron bastante útiles, y me vinieron muy bien durante el resto del viaje.

Una vez en Francia, tuvimos la suerte de que una de nuestras compañeras era nativa de allí, con lo cual no tuvimos problema para movernos demasiado. Uno de mis compañeros hablaba de unos Youth Hostels que debíamos encontrar. Cogimos un bus que nos habían indicado y nos pusimos en marcha.

Al bajarnos del bus, pasamos por un mercado muy curioso que estaba en plena calle, donde vendían pan y bollos que olían a gloria. No tardamos demasiado en llegar al albergue pero nos encontramos con algo que no esperaba. No había habitaciones. Cuando tu primer albergue está lleno, y no estás acostumbrado a estas cosas, enseguida empiezas a pensar que eso debías llevarlo preparado de casa aunque antes ni se te había pasado por la cabeza. Reservar albergue en tu primer destino de interrail es una buena práctica, vas a tiro hecho y te evitas este tipo de sobresaltos. Por suerte, la recepcionista llamó a otro hotel y preguntó para nosotros si había plazas libres. Por suerte las había. Nos indicó cómo ir y cómo se llamaba el hotel, y nos fuimos agradecidos. Una pena, ese Youth Hostel tenía muy buena pinta.

Notre Dame, París

Por el camino pudimos ver la catedral de Notre Dame, un lugar increíble en pleno centro de la ciudad, aunque no perdimos mucho tiempo puesto que queríamos librarnos de las mochilas a toda costa y verlo todo más cómodamente.

No recuerdo cómo se llamaba aquel albergue, pero recuerdo que en todo el interrail acabó siendo el más caro y curiosamente, el peor de todos. Encontramos un par de habitaciones, una para las chicas y otra para nosotros, aunque tendríamos que dejar las mochilas en el cuartito de consigna antes de poder llegar a la habitación, por lo que decidimos dar una vuelta y volver al hotel por la tarde.

Salimos de allí tras arreglarnos un poco y fuimos directos a ver lo que teníamos alrededor. Lo primero fue la Catedral, digna de admiración, su gótico recargado tan lleno de detalles la otorga una belleza cautivadora que nos atrapó durante varios minutos. En frente de la entrada principal, unos chavales estaban patinando de un modo bastante espectacular, saltando vallas y esquivando obstáculos.

Después, cogimos el mapa que habíamos conseguido en el albergue, y buscamos qué queríamos ver. París tiene un montón de sitios memorables, y básicamente sabíamos qué ver, pero no dónde. Nos situamos y nos dimos cuenta de una cosa: lo más remarcable de París se encuentra siguiendo el Sena. Todo estaba en fila, sólo hay que ir andando y a la larga te vas encontrando todo lo que llama la atención.

Arco del Triunfo, París

Aquél día vimos casi de todo: El Louvre, El Arco del Triunfo y los Campos Elíseos.

El Louvre fue simplemente espectacular. El simple hecho de llegar hasta la entrada desde fuera te hace sentir como parte de un gran espectáculo. Eso sí, no puedes pensar en llegar y entrar, la cola era increíble y nos tocó esperar un buen rato que aprovechamos para hacer fotos a la Pirámide de Cristal que es la entrada. Dentro, todo espectáculo, me hubiera gustado haber tenido a mano el equipo fotográfico y los conocimientos que tengo ahora para haber podido hacer más fotos y mejores que las que hice con mi coolpix con pantalla rasgada. Encuadrar con sólo una esquina de la pantalla visible es horroroso, tenedlo en cuenta cuando viajéis.

Torre Eiffel, París

Estaba anocheciendo cuando llegamos por fin a la Torre Eiffel. Algo simplemente sobrecogedor. La estructura metálica sobre la cabeza y su figura te hacen sentir muy pequeño. Aunque parezca increíble. La Torre Eiffel tiene ascensores para subir a la parte de arriba y ver París, pero nosotors no subimos por problemas presupuestarios. Si vas a la Torre Eiffel, sube en los ascensores, o te arrepentirás a la larga.

Cuando estaba ya anocheciendo decidimos volver a nuestro querido hostal.

No sé cómo sería la habitación de las chicas, pero en la nuestra había diez camas y olor a hombría. El servicio era exterior, pero la ducha y el lavamanos estaban en la habitación. Lo curioso es que no tenía puerta, ni la ducha tampoco, con lo cual todo se podía ver a la perfección. La ducha funcionaba sólo mientras pulsabas un botón enorme en una tubería, y en cuanto lo soltabas se cortaba. Y si te duchabas mirando hacia la puerta, podías verte en el espejo. Era ridículo. Fue el peor hostal de todo el viaje, y curiosamente también el más caro. Estaba claro que no íbamos a volver.

Al día siguiente por la mañana pretendíamos dar otra vuelta por París, y a alguno de mis colegas les iba a costar. A las tantas de la mañana entraron seis alemanes gritones borrachos por la puerta. Suerte que fui previsor y quise dormir en el albergue con los tapones de los oidos.

Francia/Paris Debíamos abandonar la habitación, pero no queríamos cargar con la mochila todo el día. Viajar en plan mochilero te enseña a echarle morro a las cosas, así que dejamos las mochilas en la habitación donde las dejamos el primer día y volveríamos a recogerlas por la tarde. Con el dinero que nos habían cobrado, nos creímos con derecho. Ese día por la tarde, cogimos el tren a nuestro próximo destino: Amsterdam.


Ago 31 2009

Lagos de Covadonga, Asturias

España/Covadonga

En mi última visita al Norte de España, tenía ganas de visitar algo de Asturias. Llevo tiempo planeando un gran viaje por el Norte y quería tener algunas ideas de por dónde pasar.

Esta vez fui en coche, y fue un viaje bastante largo desde Santander que incluyó un buen tramo en autopista (A-8), y otro buen tramo de serpenteo entre distintas carreteras, atravesando varios pueblos pequeñitos, muchos valles preciosos. Sorprendentemente me encontré con un buen número de Albergues por el camino, y muchos mochileros que probablemente habían estado en los lagos el día anterior.

La visita a los lagos está limitada antes de las 8 de la tarde, hora en la cual el paso del tráfico se abre y puedes entrar con el coche, moto, o lo que quieras.

Para entrar sin coche, debes utilizar unos autobuses de transporte público que son los únicos que tienen permiso para subir antes de esa hora, y hay que darse prisa porque terminan a las 6 y media de la tarde.

catedral covadonga

Mientras tanto, para hacer tiempo se puede visitar la Catedral de Covadonga y la Cueva de Santa María, o si no te interesa realmente, tomar una cervecita en el bar que está oportunamente situado para los despistados que no saben a qué hora terminan de subir los buses.

El camino de subida es aterrador, la carretera es muy estrecha y ocasionalmente bajan coches, lo cual hace la travesía aún más peligrosa no sólo por el peligro de precipitarte por la ladera hacia el valle que acompaña el viaje, si no por la posibilidad de estamparte con alguien que vaya en dirección contraria. Sin embargo, se disfruta la verde vista, las rocas, y la infinidad de la vista. Es un trayecto un poco largo que da la impresión de estar llevándote a un lugar escondido, como otro mundo. Me sentí como un niño al pensar aquello.

JML_LagosCovadonga_20090731_339Una vez que llegas, la vista es espectacular. Los valles donde están los lagos son súper amplios, muy verdes, hay animales pastando y los lagos son preciosos.

Los Lagos de Covadonga son un lugar lleno de tranquilidad y paz sólo maltratada por los turistas. Aún así, es tan grande que mucho te tienen que gritar y muy cerca para que te perturbe.

Aunque una vez que has visto los lagos hay poco más que hacer aparte de pasar un rato por ahí, disfrutar del aire limpio, y el olor a hierba, la sensación de estar en un sitio apartado del mundo.

¿Alguna vez has estado en los Lagos? ¿Qué fue lo que más te gustó?